Gladys Mezrahi

Lo que más sobresale de Gladys Coiffman de Mezrahi es que, a pesar de todos sus logros, no se interesa por destacarse. Nació y creció en Bogotá, en un hogar poco convencional. Su padre, el doctor Felipe Coiffman, reconocido cirujano plástico, ha sido médico de presidentes y políticos, además de catedrático, artista y autor de un importante tratado de cirugía plástica. En una pared de su casa aparece con varios presidentes de Colombia, junto a una tarjeta de la Casa Blanca en la cual se le felicita por su cumpleaños número 80. Quizá por esto le resulta natural a Gladys tratar con personalidades de la política, artistas y autores, con quienes aparece en la galería de fotos de su página de Facebook.

“Mi papá fue el primero en hacer operaciones de cambio de sexo en Colombia. Me entrenó como instrumentista y le ayudaba, cuando yo apenas tenía unos 12 o 13 años. Todo el mundo pensaba que yo iba a estudiar medicina pero no lo hice por vaga, porque no me gustaba estudiar, y la parte de negocios no es que fuera menos exigente pero creo que me apasionaba más que la medicina. Mi mamá, Fanny, z”l, trabajó mucho como voluntaria. Fue una de las fundadoras de Wizo Colombia y de la Asociación de Quemados del Hospital Infantil. Aunque no terminó una carrera, dictaba clases de inglés y ayudaba a mi papá en el consultorio”.

En Gladys conviven armónicamente su inquieta serenidad, su desbordante alegría de vivir, su entusiasmo contagioso y una buena dosis de jutzpah. Rebelde por naturaleza, desplegó desde su época estudiantil esas grandes dotes de organizadora que la caracterizan. Con sólo 15 años de edad, cuando cursaba el último año de bachillerato en el English School de Bogotá, convenció al director para que le permitiera recaudar el dinero necesario para construir las canchas de basquetbol y voleibol en la nueva sede del colegio, a cambio de no asistir a clases. “Acordamos que si yo reunía la plata me graduaba y, si no, perdía el año y tenía que repetir. Nadie supo lo que yo estaba haciendo ni entendía por qué tenía permiso para faltar a clases. Toqué muchas puertas, visité empresas y, mientras mis compañeros estaban aprendiendo matemáticas, yo lograba convencer al presidente de Avianca de que me diera dos tiquetes a Cartagena para el bingo que organicé en el Salón Rojo del Hotel Tequendama, al que asistieron unas mil quinientas personas. Mis papás se enteraron de lo que estaba haciendo por la foto con el gobernador y las reinas de belleza que salió al día siguiente en el periódico. Así fue como me gradué. Lo duro se me presentó cuando entré a la universidad, y no sabía lo que estaba pasando ni en álgebra ni en cálculo, porque todo me lo salté. Me tocó buscar un tutor”. Hoy día, Gladys está convencida de que ese evento fue el comienzo de su visión de marketing y de su carrera como organizadora de eventos.

Entonces conociste a Samuel…
Terminando el bachillerato, me vine a la Universidad de Miami a estudiar psicología. Duré creo que dos meses en esa facultad y me dije esto no es para mí. Me cambié a mercadeo y finanzas, que nunca terminé, porque en unas vacaciones de verano en Bogotá conocí a Sammy. Apenas lo vi, me dije con él me voy a casar. No sé ni cómo ni cuándo. Mis padres no me dejaban salir con él, pues era mucho mayor, y yo estaba en la universidad. Un año después, me volé. Me fui a Barranquilla, me casé, quedé embarazada, y, aunque ya había hecho el traslado a la Universidad de los Andes, ni modo de seguir estudiando.

Cuando era pequeña me gustaba preparar cremas con papá, que inventó varias, entre ellas Procicar. Tuve una empresa de cosméticos por 20 años, Advanced Cosmetics, con mi propia línea de productos de cuerpo, piel y cabello, gracias a la asesoría de La Prairie, en Suiza. La vendí en la época en que empezó el problema de lavado de dólares y resolvieron que esa actividad a través de cosméticos era buenísima. No podía competir, porque ellos compraban cosméticos en París a mitad de precio y no pagaban impuestos.


¿Por qué deciden irse de Colombia?
Nuestros hijos, Nessim y Debbie, llevaban ya varios años estudiando en los Estados Unidos. Sammy y yo tuvimos que salir de Bogotá de un día para otro y mudarnos a Miami, a causa de las constantes amenazas de secuestro que recibía mi familia. Por esas fechas habían secuestrado y asesinado a Benji Khoudari, primo de Samuel.
Llegué a Miami en 1999 y un año después, con una amiga colombiana, fundé The G&G Group, una compañía de relaciones públicas y eventos. Trabajamos tres años juntas pero teníamos visiones diferentes de lo que queríamos hacer. Cerramos y decidí crear Indigo Events yo sola, sin socias y, tal como lo había soñado alguna vez, le dí el nombre de mi color favorito. Debbie, recién graduada de la universidad, entró a trabajar conmigo.
Desde mi llegada he estado muy involucrada con la ciudad de Aventura, donde organicé uno de los festivales más grandes que ha tenido, el Pangaea World Festival in Aventura. He trabajado con el Marketing Council, que es como la Cámara de Comercio, y fui miembro del consejo directivo del centro cultural de la ciudad.


¿Cómo empezaste…, quiénes fueron tus primeros clientes?

Mi primer cliente fue el Gran Rabino Fischer, que me encargó las relaciones públicas para el primer edificio Lubavitch en Miami. Wizo fue también uno de mis primeros clientes; llegando a Estados Unidos fui voluntaria, y cuando fundé la compañía me contrataron para que les manejara las relaciones públicas. Mi primer cliente grande fue Andrés Oppenheimer, editor y columnista del Miami Herald, y conductor del programa Oppenheimer presenta, de CNN en Español. Le conseguí el primer patrocinio para su programa.

En ese momento se vivía el boom de la arquitectura y todos los constructores de Miami estaban vendiendo hasta lo que no querían. Hice eventos para Fortune International, ISG, la Feria Internacional del Libro de Miami, los programas del Instituto Disney, la Organización de Estados Americanos, Avianca y Visa, entre otros. En 2005 empecé en Colombia el e-Commerce Day con 50 personas. Hace dos años, en el último, tuvimos 900.
En 2008, con la recesión, se acabaron los eventos corporativos, pero sobreviví gracias a que estos mismos clientes corporativos empezaron a buscarme para que organizara sus eventos privados, como los matrimonios de sus hijos. Entre los proyectos más exitosos de Indigo está el mercadeo en la modalidad de eventos.


Te gusta lo que haces…
Me encanta. Cuando me nombran un evento me ilumino, me empieza a dar vueltas la cabeza, viendo qué es lo que vamos a hacer. Créeme que en esto debes tener pasión. Son horarios muy largos…, jornadas agotadoras. Aunque tengo dos equipos muy buenos, en Colombia y Estados Unidos, tu cliente quiere que seas tú. Tienes que tener pasión, dedicación y compromiso, tres requisitos para sobresalir en esta industria. Por supuesto, también ayuda contar con una familia que te apoye.

¿Cómo vives tu judaísmo? ¿Lo incorporas a tu trabajo?
Primero y ante todo, soy judía. Tengo una relación especial con D–s. Como parte de mi negocio, organizo eventos judíos, matrimonios, bar y bat mitzvás, así como ceremonias de tevilah para novias, donde combino tradiciones y costumbres. Precisamente ahora estoy asesorando en Cartagena a un hotel para ‘kasherizar’ su cocina. Me gusta enseñarle a la gente, ser facilitadora.

Hace algunos años organizamos el International Village, como parte de la Feria del Libro de Miami, con microeventos para cada país invitado, y en el pabellón de Egipto recreamos el café donde escribía el premio Nobel Nagīb Maḥfūẓ, igualito, con la misma decoración. El representante de comercio de Egipto vino el primer día a la Feria y quedó encantado. Pero el segundo día me dijo: “Me enteré de que usted es judía y no quiero volver a verla en el pabellón”. Fue muy incómodo. Cuando la presidenta de la Feria se enteró, le dijo que primero entraba yo que él y, si no le gustaba, que no volviera. Y él se fue.

Hay que ser muy organizado para poder manejar varios eventos a la vez. Cada evento es superinteresante y ¡te pasa cada cosa!…, como cuando recibimos unos afiches con la historia de un pueblo de la China y, al abrir la caja, encontramos que las instrucciones para ponerlos en orden venían en chino y tocó conseguir una intérprete…

En marzo de 2016, la Organización de Mujeres en Comercio Internacional (Organization of Women in International Trade, OWIT) la nombró como Mujer del Año, en reconocimiento a su capacidad para conectarse con otros. Kate Hudson fue una de las presentadoras durante la entrega. “Este reconocimiento fue como ‘Wow, lo hice. Realmente lo hice’”.

“En junio de ese mismo año, el entonces candidato presidencial Donald Trump publicó en las redes sociales su decisión de revocar las credenciales del prestigioso diario The Washington Post para cubrir su campaña. Trump llamó al Post “falso y deshonesto”, y consideró el cubrimiento como “increíblemente inexacto”. Cuando Gladys leyó acerca de la determinación de Trump, decidió que no podía quedarse callada. Como mujer judía y latina, y como ciudadana de los Estados Unidos, le dirigió una carta al Miami Herald en la cual expresaba su preocupación de que en su país de adopción se pudieran cometer “los mismos errores que han terminado las vidas de muchas personas, destruido familias y arruinado la economía de los países”. Errores de países como Alemania en la época del nazismo, o Venezuela en nuestros días, “cuyos líderes han convertido grandes países en vergonzosos ejemplos de tiranía”. El escrito, al que tituló “Avoid a ‘black era’ with Trump”, cuestionaba si, tal como Alemania tardó una generación en recuperarse del nazismo, estarían los estadounidenses dispuestos a perder una generación entera y pasar por una era negra con Trump. Esa misma noche la llamó la editora del Herald para informarle que el escrito sería publicado al día siguiente con gran despliegue. Poco imaginó Gladys que esta nota la llevaría a incursionar en la política. “Empecé a recibir llamadas de felicitación. La gente me decía que por qué no hacía algo más, que por qué no me metía en la política. La verdad, eso nunca me había pasado por la mente.”

Mediante su trabajo, Gladys ha establecido importantes redes y alianzas estratégicas. Así que no fue extraño que “dos semanas después, la alcaldesa de Aventura, Enid Weisman, me invitara a postularme como commissioner (comisionada), pues consideraba que, como mujer judía latina yo encajaba perfectamente en el prototipo demográfico de la gente de esta ciudad”.


“Decidí consultarlo con Elaine Adler, presidenta de la Cámara de Comercio de Aventura y mi mentora desde cuando empecé mi negocio. Literalmente, en cuestión de dos minutos se puso de pie, hizo una llamada, imprimió un formato y me dijo: ‘Las postulaciones al cargo se cierran en tres días. Firma acá…’. Aunque al principio mi hija me preguntó que si estaba loca, conté con el apoyo absoluto de mi familia. En cosa de dos días tuve que montar una campaña y nombré a mi hija como jefa de la misma, quien hizo un trabajo maravilloso. Mi lema era I am Aventura, y mi arma secreta fueron mis nietos, quienes se acercaban a los votantes para pedirles que sufragaran por la nueva generación. Desde el momento en que firmas, tus récords, tus teléfonos, todo lo tuyo es público, y esa era la parte que más me preocupaba, en el sentido de que tu vida privada se vuelve pública. En una campaña ves lo bueno, lo malo y lo feo de todo el mundo. Hubo momentos muy lindos, cuando recibía llamadas de gente que, sin conocerme, me ofrecía su ayuda y aportaba fondos para mi campaña.

“A pocos días de cerrase los comicios, mis dos contrincantes se retiraron de la contienda y duré un día pensando en que no iba a tener que hacer campaña, pero dos horas antes de cerrarse se inscribió Joshua Mandall, un joven estudiante de ciencias políticas de la Universidad FIU que se vino a vivir a Aventura un año antes.

“Creo que la campaña contra este muchacho es lo más duro y más difícil que he tenido que hacer en mi vida. Sentí de primera mano lo que es el bullying, no sólo hacia mí sino asimismo hacia todas mis voluntarias. Él y su mamá levantaron todo tipo de acusaciones y falsos testimonios, tratando de desprestigiarme. Me acusó incluso de corrupta. En una oportunidad me confrontó públicamente y, como nunca en mi vida me había pasado, me congelé: no pude contestar.


“Pero gané y aquí estoy. Al principio, todo lo hice mal, cometí muchos errores. Las leyes sobre cómo llevar una campaña y hacer política en este país son muy estrictas; tienes que reportar hasta el último centavo de todas las donaciones, de tus gastos, las reuniones de alcalde y comisionados son televisadas, todo es público. He ido aprendiendo sobre la marcha la parte ética, la parte legal, los e-mails, qué puedes decir y a quién, qué no puedes decir. Y aprendes que primero está la ciudad, que no se trata de mí o de ti sino de lo que es mejor para la ciudad y para la comunidad; que no todos los políticos son corruptos; que hay gente que de verdad da su tiempo por ayudar a la comunidad, para trabajar sin esperar nada a cambio.”


¿Qué ha sido, hasta ahora, lo más interesante como comisionada?
Lo más interesante es estar viviendo este momento en el que Aventura va a construir un high school, un bachillerato. Empezar un colegio de cero es difícil: no puedes tener contento a todo el mundo, tendremos que tomar decisiones difíciles.

Gladys divide su tiempo entre su vida familiar, su trabajo en Indigo Events, y sus funciones como comisionada.
Todos los días le agradezco a D–s que tengo un trabajo que me apasiona, y que me trae nuevos retos y sorpresas. Para mí, ningún día es rutina. Cada día trae consigo una agenda nueva, una decisión importante o una inspiración loca. Puedo tener un desayuno oficial con otros miembros del gobierno, seguido de una reunión bastante emocional con los padres de una novia, o con la novia, y luego una reunión con el presidente de una compañía para revisar los detalles de su evento. En pocas palabras, mis días son emocionantes, llenos de retos y con poco tiempo para aburrirme, y eso sin contar los momentos con mis nietos, esos momentos que llamo “la guinda sobre el pastel”.